Te presento a Laura. Laurita para su familia.
Laura es de esas mujeres que parece tener una S de “Super Woman” en el pecho.
Cuida a su madre, lleva a sus hijos a todas partes y hasta hace de mediadora con sus hermanos.
Todo esto mientras lo da todo en su trabajo y siempre está con una sonrisa en la cara.
Laura pertenece a lo que llamamos la “generación sandwich” :
personas, en su mayoría mujeres, que se encuentran atrapadas entre las necesidades de sus hijos y las de sus padres.
Esto no es un papel fácil y muchas veces nos pasa factura emocional, mental y, por supuesto, física.
En consulta, el tema de sus hermanos salía con bastante frecuencia.
Básicamente, había dejado de hacer planes los fines de semana para estar pendiente de su madre, que necesitaba atención constante.
Y mientras tanto, sus hermanos… living la vida loca.
Salían, hacían su vida y como mucho la llamaban el lunes para ver qué tal había ido el fin de semana.
“Son unos caraduras”, me decía.
Pero a ellos no se lo decía.
Se mordía la lengua y aguantaba…
Hasta que un día explotó.
Me contó que un domingo, en una comida familiar, mientras recogía los platos vio como sus hermanos iban directos al sofá.
Se enfadó y les dijo “oye, oye ¿dónde vais?… ¿podéis hacer algo por favor?”
“Laurita, no hay quien te aguante…
últimamente siempre estás de mal humor”.
Laura los miró, dejó los platos sobre la mesa con un golpe seco y se fue.
No dijo nada.
Ni un reproche, ni una palabra.
Cogió su bolso.
“Niños, nos vamos”.
Y salió por la puerta con el corazón a mil.
Me describió ese momento como un clic.
Se dio cuenta de que callar no estaba funcionando.
Tampoco explotar.
Durante nuestra sesión, trabajamos juntas los cuatro pasos que propone Marshall Rosenberg para comunicarse de manera efectiva:
- Observar sin juzgar: identificar claramente las situaciones que la estaban desbordando, sin juzgar a sus hermanos.
- Reconocer sus sentimientos: conectar con su propia emoción y reconocer cómo la rabia encubría su agotamiento y su tristeza.
- Identificar sus necesidades: descubrir que detrás de su rabia había una necesidad de apoyo, colaboración y tiempo para ella misma.
- Expresar peticiones concretas: aprender a comunicar esas necesidades de forma clara, sin reproches ni ataques, pero con firmeza.
La siguiente vez que habló con sus hermanos, simplemente les dijo:
“Estoy agotada. Necesito que nos repartamos las responsabilidades, porque yo sola no puedo más”
Lo increíble, me dijo, fue que esta vez no la ignoraron. Sus hermanos empezaron a colaborar, y por primera vez en años, sintió que podía respirar.
Empezó a decir sí a todos los planes que le proponían sus amigas.
Ayer me escribió un whatsapp contándome que en Nochebuena llegó a cenar ´a mantel puesto´ en casa de su hermano mayor.
“Ni siquiera recogí… 😅 😅 ”
