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  • Foto del escritorAna Gorostegui

Las impostoras

Actualizado: 11 may 2023

En este post vamos a hablar del síndrome de la impostora,

de por qué las mujeres seguimos

sin creer en nosotras mismas


“Soy indecisa por ser mujer”

rezaba el titular de la entrevista que le hicieron a Donatella Versace el pasado 28 de abril en El País


“Aún tengo algo de síndrome de la impostora, no se acaba nunca”

decía en una Universidad de Londres al presentar su libro “Mi historia”, ni más ni menos que ¡Michelle Obama!


Esta falta de seguridad es lo que llaman el síndrome de la impostora, un problema de falta de autoestima y confianza, que suele darse sobre todo en el ámbito laboral y en la esfera pública.


Cuanto mayor es el éxito,

mayor es la duda


Descrito por primera vez en 1978 por las psicólogas clínicas estadounidenses Pauline Rose Clance y Suzanne Imes, las cuales analizaron a 150 mujeres objetivamente talentosas y la inmensa mayoría había sentido a menudo esa sensación de no estar a la altura, de ser insuficiente, dando lugar a una disonancia cognitiva según la cual sus logros eran percibidos como menores, fruto de la fortuna y no de su talento. Opinaban que habían llegado hasta ahí porque eran simpáticas, o porque tuvieron suerte, o porque sus empleadores sobreestimaron sus capacidades. Los errores eran siempre suyos, los logros, no tanto.


Aunque se llame síndrome no es un trastorno mental, sino más bien una trampa mental, que consiste en que cada vez que haces algo bien, lo justificas alegando motivos externos, y cada vez que haces algo mal, te lo tomas como algo personal.


Esto lo analizan muy bien E. Cadoche y A. de Montarlot en su libro El síndrome de la impostora, y concluyen que afecta a las mujeres sobre todo durante los cambios importantes, como conseguir un trabajo nuevo, un ascenso o simplemente cuando comienza una nueva etapa de la vida


Es una variante perversa de la falta de confianza, ya que en este caso, cuando alguien al que le falta seguridad consigue su objetivo se felicitará por ello, pero para alguien que sufra el síndrome del impostor, la inquietud será la misma y trabajará duro para conseguirlo, pero en cuanto alcance el objetivo, infravalorará su éxito.


Si a las mujeres a veces les falta confianza en sí mismas,

es ante todo una cuestión histórica, de presión social,

de familia, de lenguaje, de creencias


Las consecuencias de este sentimiento de impostura son:


1º.- Agotamiento o burn out: alcanzar nuestros objetivos con la sensación de que nos van a descubrir, es extenuante y causa mucho estrés, ya que requiere un esfuerzo descomunal por no cometer el más mínimo error.

2º.- Parálisis total: el miedo al fracaso puede llevar también a la parálisis o procrastinación, con tendencia a dudar demasiado.

3º.- Monotonía: al no reconocernos, la vida profesional se vuelve monótona, ya que no disfrutamos de nuestros logros ni tampoco hacemos los cambios para ir en la dirección deseada.

4º.- Imagen errónea de los demás: en situación de impostura, vemos al resto como si tuvieran una confianza absoluta en ellos mismos y mucho más capaces y seguros que nosotras.


¿Cómo hacer para ganar confianza en nosotras?


Para ganar autoestima y confianza tenemos que dedicar tiempo a conocernos mejor y así identificar qué cambios necesitamos hacer en nuestras vidas:

  • ¿Qué es lo que te gusta? Qué disfrutas haciendo y a qué te gustaría dedicar más tiempo

  • ¿Cuáles son tus fortalezas y debilidades? Qué se te da bien, para potenciarlo y qué te quita energía, para poder delegarlo

  • ¿De qué tipo de gente te quieres rodear? Elige con quién quieres pasar más tiempo y a quién quieres dedicar menos

  • ¿Dónde necesitas poner límites? A la familia, en el trabajo.. (ver Una cuestión de Límites)

  • ¿Qué te pasa cuando te pasa algo? Identifica tus emociones y permítete estar triste, de bajón, enfadada, asustada… sin preocuparte por lo que piense la gente.

  • ¿Cuándo aprendiste que no había que equivocarse? Asume que los errores son parte de la vida (ver post Vida Perfecta)

  • Reconcíliate con tu cuerpo: no te amargues la vida por 3 kg de más o por un michelín que sólo ves tú. Fíjate la cantidad de mujeres que se están dejando canas con 40 y 50 años y lo guapísimas que están.

Así que, tras todo lo visto, parece que este fenómeno pone distancia entre cómo nos vemos y cómo somos en realidad, lo que debemos entender y asumir como parte ineludible de estar vivas. Vivas de verdad.


Y quizá nos venga bien hacer caso a Mafalda cuando nos decía:


las niñas buenas van al cielo,

las demás… a todas partes


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